Y un día como cualquier otro me saqué el traje de ratón y me pagué dos entradas para ver a Larbanois & Carrero con la filarmónica en el Solís. Bastante antes de llegar al teatro no me podía sacar de la cabeza la duda sobre la diferencia entre filarmónica o sinfónica. Si yo por ejemplo tuviera una plata extra y quisiera poner una banda de estas ¿qué necesito para que tenga el sello de filarmónica y que preciso para que sea sinfónica?
Esa no fue la primer duda que tuve esa noche. Apenas se suben los tipos al escenario, en vez de escuchar lo que decían como hace la gente normal, yo no podía evitar pensar “¿se pararán en orden no? ¿sino cómo hace uno para saber cual es larbanois (que se dice larbanua) y cual es carrero?”
De todas maneras estas dudas se dispersaron cuando mi cerebro se concentró en lo verdaderamente importante: como jode el público. Yo soy de esa gente que pierde bastante fácil la concentración (no saben la cantidad de veces que me paré y me volví a sentar para escribir estos tres párrafos (en realidad ninguna, pero me pareció que quedaba bien (¡volvieron los paréntesis anidados!))) lo que no me permite ver películas filmadas del cine y además me convierte en el que se hace odiar en el tablado y demás espectáculos públicos haciendo callar a la gente. Cuando arranqué hacia el solís pensé que no iba a tener estos problemas, “gente respetuosa”, pensé, que es lo mismo que decir “gente que escucha, mira, y se deja de joder”. Pero la verdad es que somos un público de mierda, no se si los uruguayos o los seres humanos, pero somos un público desastroso. Nos llevó demasiados años darnos cuenta que había que esperar a que terminara el tema para arrancar a aplaudir, ahora no sé cuanto tiempo nos va a llevar darnos cuenta de que el aviso “apaguen los celulares y no saquen fotos sin autorización” no se aplica para todos menos para uno, sino para todos todos. Si a esto le sumamos que a tres asientos del mío tenía una señora con una bolsa de nilon entre las manos, se puede decir que estuve cerca de terminar en cana. Estoy a nada de hacerme esa remera/camisón que diga “si tenés ganas de juntarte con tus amigos a comer algo y a conversar, no vayas al cine, andá a un bar”.
En algún momento me logré abstraer de algunas de estas cosas y pude ver que realmente el espectáculo caminaba lo más bien, buen sonido (obvio), tocaban bien (más que obvio) y buenas luces. No se si estaba en mi cabeza, pero me parece que en las canciones más zurdas las luces que más resaltaban eran las rojas.
Como aporte a la comunidad, les cuento que cambiaron un par de cosas en los espectáculos medio zurdos. Ya lo había notado cuando fui a ver a Viglietti (me paro para escribirlo) en el tartamudo (me vuelvo a parar, me había sentado cuando estaba escribiendo la palabra “escribirlo” porque era muy larga para escribirla parado) en punta del diablo, me perdí entre las comas y los paréntesis, pero en definitiva, lo que cambió es: ahora no hay que aplaudir cuando nombran a nadie. Antes el flaco decía “este tema lo compuse una vez que estaba con juan de los palotes…”, metía un silencio y si nadie aplaudía miraba al público de pesado y decía “¿olvidado juan de los palotes?” y uno se sentía una porquería de persona, que en general estaba bien pero no daba para darse cuenta en ese momento y por esa razón. En el tartamudo (me quedo sentado, ya se entendió la idea) quedé en orsai unas cuantas veces, aplaudiendo solo, y ta, parece que no se usa más.
Después de cuatro o cinco temas (de Larbanois y Carrero, no de Viglietti) dejaron de tocar con la filarmónica y subieron al escenario Hugo Fatorusso, Jorge Trasante (el que no haya escuchado “Mateo y Trasante” se está perdiendo de mucho) y el Cono Castro formando un bandún, daban ganas de escuchar treinta o cuarenta temas, pero se quedaron en cuatro o cinco temas más, incluyendo solos de cada uno de ellos. Si bien se armó terrible banda, yo fui con ganas de escuchar como lograban pasar determinados temas al formato “filarmónica” y un cacho me desilusionó que fueran justo esos temas los que tocaran de la forma habitual.
Después volvieron a tocar unos temas con la filarmónica y como siempre terminó el público de pie y uno con ganas de hacer la revolución. Más allá de que siempre hay uno que dice “estos se hacen los libertarios pero en la dictadura tocaban en los cuarteles”, todos sabemos que eso pasa porque como dijo el filósofo contemporáneo Larguirucho “nunca falta alguien que sobra”. En definitiva salí pensando que hacíamos una marcha autoconvocada al palacio o algo así, pero afuera estaba lloviendo. A las revoluciones le pasan esas cosas a veces, contratiempos, no se dan las condiciones subjetivas, yo que sé, se complica. No tuve más remedio que ir a emborracharme al shannon, donde estaba tocando otra banda, pero eso ya es otra historia…
Hubiera estado bueno terminar el post así, porque siempre quise terminar un post con puntos suspensivos, pero ya que estoy hago un servicio a la comunidad y les aviso que el mismo chou se repite mañana en el solís y el 27 gratis en la plaza liber seregni más o menos a la misma hora que siempre empiezan estas cosas. Si van al solís, háganse afanar como yo en la cafetería, vale la pena, es tremendo café.
Nos vemos
Damián
