Si hay algo que seguro heredé de mi madre es mi memoria. En realidad no se si está bien expresarlo así, no se si hereda la falta total de algo. Sí puedo decir que tenemos en común una memoria nula. Me es imposible retener por mucho tiempo detalles que una parte de mi que no conozco considera poco importantes.
Si a esto le agregamos que no miro tele… bueno, otra vez una imprecisión. Miro muchísima televisión, pero no tengo antena conectada a la tele. No tengo cable ni miro televisión abierta más que un cacho de informativo por las mañanas. Todo esto conspiró para que yo en la semana practicamente no tuviera presente el temita este del día de la madre.
El sábado me acordé, pero no había omnibus, y si bien el shopping me queda a dos cuadras de casa, me parecía de carnero no respetar el boicot de las empresas de transporte hacia los comercios en uno de los días en que más venden.
Conclusión: una vez más llegó el día de la madre y yo no tenía nada para llevarle a mi vieja. A lo largo de mi vida más o menos me manejé como pude, en mi infancia me las arreglaba con dibujarle algo sobre el papel que se desechaba de las figuritas autoadhesivas, en la parte no satinada (fa, me quedó un cacho rebuscado, digamos mejor que un dibujo en cualquier papelito que tuviera a mano).
Cuando eso dejó de rendir, empezó la etapa en la que se esperaba que algún otro adulto se encargara de la parte financiera, acompañarme a elegir el regalo, elegirlo y empaquetarlo para que yo se lo pudiera dar a mi madre con cara de “este año la gasté, y yo solito”.
Después llegó esa etapa en la que ya se espera que uno tenga cierta independencia y se arregle para llevar el regalo. El tema es que en esa etapa yo era un hippie roñoso cuyo tiempo se dividía entre gremio y estudio. Este reparto de tiempo dejaba fuera el trabajo (esa cosa que hace la gente que se deja dominar por el sistema, todos amigos de la yuta y de bush), quedando más afuera todavía la posibilidad de tener plata para comprar algo. Por otro lado, el tiempo de militancia me dejaba un poco de posibilidad de retórica, por lo que podía arreglarla con argumentaciones como:
- Mamá, yo a vos te quiero todos los días, y a mi ni la tele ni la coca cola me van a decir que hoy te tengo que querer más y encima que te tengo que traer un regalo, ingresando así en ese círculo de consumo orquestado por el sistema que explota a los más débiles. Seguro que te compre lo que te compre, por la cadena de producción pasó algún pobre niño que ni sabe lo que es el día de la madre. Pensá en la gente del áfrica…
A esa altura mi madre miraba la tele como que estuviera pasando algo importante (aunque estuviera apagada), pero de última se olvidaba del tema del regalo (ya les hablé del tema de su nula memoria, de la manera en la que cuento las cosas de los demás siempre: hablando de mi).
Pero en definitiva cuando era un hippie roñoso algo de razón tenía, esos regalos tangibles son mucho menos importantes que todas esas pequeñas cosas que le regalé a lo largo de mi vida.
Le regalé una gran enseñanza: “no confíes en nadie”, la vez que me pidió que le guardara algo en un diskette para llevar al trabajo. Me tomé la molestia de buscar uno que no funcionara, sacarle la parte plástica que lo recubre, dejando solo la lámina y le dije “agarralo por el medio, mira que el plástico no puede tocar nada porque se rompe”. Fue en el ómnibus (ahora con tilde, voy alternando) agarrándose de una mano sola, porque el diskette no lo podía poner en la cartera, y vio como los compañeros se le cagaban de risa en la cara cuando llegó. Y bueno, medio jodido, pero algo aprendió.
Después le enseñé a no confiar en un mentiroso, cuando la convencí de que el que aparece en el video “music” de Madonna era en realidad el loco abreu. Otra vez generó que se le rieran en la oficina. Acá la voy a defender por dos razones, primero porque me costó convencerla, tuve que llegar a “¿no le vas a creer a tu propio hijo?” con cara de gato de shrek, y segundo porque cuando la gente quiere creer cree, y para muestra van dos frases:
“es mi único ingreso”
“Danilo va a ser algo así como el primer ministro”
La mentira tuvo un efecto secundario inesperado: por un tiempo negó la existencia del loco abreu. Yo le mostraba al loco abreu en la tele y no me creía.
También le enseñé hasta donde puede llegar la mezquindad de una persona cuando quedaban solo dos fetas de bondiola y le dije que era pene de caballo en fetas. No me creyó, pero la idea le dio asco y quedaron para mi.
Yo no creo que mi madre valore debidamente estos regalos, incluso cada tanto me los puede llegar a reprochar, pero después de eso le regalé lo mejor que podía regalarle. Paz, espacio, silencio… me fui. Y la verdad es que eso es impagable. Alguno podrá decir que justo me fui cuando dejé de ser un hippie roñoso para convertirme en un ser humano autosustentable e independiente (hasta por ahí nomás, mi novia se fue por un día y me olvidé que tenía que tomar agua cada tanto), pero bueno, no se puede tener todo.
Saludos
Damián
PD: no se si se habrán dado cuenta, pero pasé de regalarle feos dibujos en un papel cualquiera para regalarle pésimos textos en un blog cualquiera.
PD2: no se si se sa su.


