En carnaval el que se calienta pierde. Es una de las máximas que se repiten en febrero. Desde hace bastante también se da por válido que cuando se trata de humor en general el que se calienta también pierde, pero me parece que en ambos casos hay niveles, no es todo lo mismo.
Hace unos años la murga “la mojigata” tenía un cuplé que se llamaba “la sombra de la duda” en donde se presentaba un monólogo en el que se preguntaba por contradicciones cotidianas (¿por qué los paquetes de panchos vienen de a ocho y los de panes de a seis? por ejemplo) y entre todas las preguntas estaba “¿Sergio Gorzy es estúpido?”. Obviamente a Sergio Gorzy no le gustó y salió al cruce con un nivel que claramente convertía la pregunta en una afirmación. Si bien estoy bastante convencido de que el tipo un poco estúpido es, entiendo su enojo.
No me parece que ser un tipo público de derecho a los demás a que te salgan a pegar directamente, escudándose en el humor. Lo que pasa es que hay ataques y ataques, y una de las cosas que pesa es quién es el que ataca. Si yo acá digo, por ejemplo, que andruqui es una pésima persona, todos van a entender que es un chiste, porque se asume que en realidad nos llevamos bien. Si por otro lado digo que Pedro Bordaberry es un hijo de puta, la duda queda planteada. ¿Lo dije (o escribí) buscando hacer reir o buscando atacar?.
Un ejemplo más claro es el de todas las mañanas con Darwin. El tipo le pega a Joel todo el tiempo, pero está claro que hay un aprecio mutuo que evidencia el fin humorístico puro. Pero cuando le pega a Claudia Fernández (cada vez que escribo el nombre de alguien lo busco en google a ver si lo estoy poniendo bien, con esta botija es un peligro porque no tiene una sola foto en la que esté vestida en internet) se nota un poco de bronca. De nuevo, la tipa no me podría caer peor, pero no se si está bien atacarla porque sí (no se para que sigo escribiendo, si la mitad de los que leyeron hasta acá ahora está buscando las fotos en google).
Ahora bien, si aceptamos que cuando se comunica con fines humorísticos está bien no exigir rigor, cosa que no me cuesta demasiado aceptar, me parece que tendríamos que exigir a los consumidores del humor no tomar como verdades lo que se está diciendo. Más que nada si tenemos en cuenta que como colectivo estamos demostrando cada vez más que somos bastante estúpidos y que lo que dice un comunicador se toma como cierto con bastante facilidad.
De nuevo, asumamos que eso pasa. Que todos entendemos que quien hace humor no hace más que eso, y que no necesariamente hay que tener en cuenta sus posibles ataques y sus afirmaciones como verdades. ¿Cómo deberíamos reaccionar frente al trabajo periodístico, donde sí se asume rigor? Acá es un poco más complicado, porque si bien es imposible asumir objetividad total de quien informa, las opiniones quedan cada vez más claras. El canal cuatro fue el primero en sincerarse y confesar que lo que importa es el rating. Fernando Vilar, uno de los peores comunicadores del mundo (ataque con fines humorísticos, por lo tanto inimputable) nos dice todos los días qué tenemos que pensar frente a cada noticia. Por si no entendemos bien se nos agrega una música que nos indica quien es el bueno y quien es el malo. El tema es que el tiempo en la televisión es tirano, y no siempre da el mismo para cerciorarse que el malo sea efectivamente el malo.
Hace no mucho condenaron en vivo y en directo a una familia que acababa de vivir una tragedia. Culparon a los padres de una niña más o menos de lo peor que te pueden llegar a culpar y como resultado los vecinos indignados les prendieron fuego la casa. Con el tiempo se supo que nada de lo que se decía era cierto, pero claro, el informativo no tiene la culpa de lo que haga la gente con sus vidas. El informativo está para informar y listo. Aunque según el propio Vilar no está para informar: “Un circo está para hacer plata, mi programa hace lo mismo”.
Cero autocrítica, no solo las prácticas de acusación directa no cesaron, sino que son cada vez más frecuentes. Hoy por hoy ir a declarar por cualquier cosa que llame la atención te pone rápidamente como enemigo público número uno.
Al final, en realidad, la culpa es de la gente. Si el programa está al aire y le va bien, es porque hay gente que lo mira. Para que esta afirmación sea correcta es necesario anular la responsabilidad de quien comunica, cuando está claro que disponer de un medio de comunicación conlleva más responsabilidades que los poderes arácnidos de Peter Parker. Hay gente que sigue pensando que cuando mira un informativo se va a informar para después sacar sus conclusiones, y hay que estar muy atento para que no te lleven puesto y termines repitiendo como un gil la comida que te hicieron tragar, que en general es un bombazo al hígado.
Si a esto sumamos una fuerte campaña por el no pensar, donde aceptamos como válido que los hombres después de las diez de la noche piensan con el pene (según pilsen sonic y axe) y el resto del día en futbol, que las mujeres solo piensan en ropa y en lavar los platos (su superheroe favorito es mister músculo) y la única manera de entretenerse es comprar cosas o mirar que es lo próximo que nos vamos a comprar, exigirle al público ojo crítico es exigir demasiado.
Al final ¿a quién se le exige? ¿al público? ¿al consumidor? ¿a los dos? ¿al Estado?. Parece joda, pero desde hace bastante los medios de comunicación tienen un poder que asusta. No me creo mucho eso de que con internet el acceso a la información se democratizó. Casi todo lo que se lee en internet (hay excepciones) son repeticiones de lo que se dice en la tele o en la radio. Cuando se muestra algo original, muchas veces es peor. Porque internet en el sentido del rigor es menos exigente que el resto de los medios de comunicación.
El tema es que si alguien trabaja en un informativo y demuestra carecer de rigor periodístico, por lo menos una parte de la sociedad lo marca como hijo de puta, con nombre y apellido. Pero en el caso de internet la mayoría de las veces no hay a quien acusar. El anonimato es medio jodido y la posibilidad de anonimato en internet da piedra libre a quien quiere escribir cualquier cosa (ejem… antes que me puteen, yo por lo menos firmo).
Hace un tiempo en Japón una niña degolló a una compañera de clase. La historia es trágica, pero no terminó ahí. Si bien el gobierno japonés es bastante estricto con el tema de no difundir de los nombres de los implicados en crímenes de menores de edad, a un periodista se le escapó el nombre al aire. Rápidamente en internet se le empezó a rendir culto. Trascendió una foto de la niña con un buzo de Nevada, buzo que rápidamente se agotó por la demanda que generó la foto. Quienes le rindieron culto comenzaron a generar historietas cortas o dibujos artísticos mostrando el momento del asesinato, o simplemente a la niña con un cuchillo. Desde el anonimato se puede, entre otras cosas, enaltecer el asesinato. En un informativo es más difícil. Es mucho más fácil condenar a Vilar por incinerar a una familia que a alguien que no sabemos quién es por glorificar a una niña asesina. Pero los efectos son jodidos, los dos. No me imagino que pasará por la cabeza de los familiares de la niña asesinada, cuando se encuentran en internet con fotos que muestran a la niña de nevada cono una heroína. Un grupo musical le dedicó un disco “a ella y a todas las pequeñas japonesas que asesinan gente”.
Pero claro, si te calentás perdés.
Saludos
Damián

